Si quieres al guapo, trátalo como  feo (o de perdis promedio). En algún boletín o libro de David D’Angelo –consejero y coach de “ligue” para hombres- leí que decía: “a las mujeres de belleza promedio, trátalas como si fueran las más bellas y a las más bellas trátalas como si fueran promedio o feas” . Esto funciona por aquello del factor sorpresa. Se les trata –en ambos casos- en una forma que no les es familiar y eso es lo que las “engancha”.

Pues ladies,  funciona exactamente igual de espectacular si lo aplicamos las mujeres con los hombres. No es el descubrimiento del hilo negro, muchas ya lo saben, lo han constatado, y en este post , que será más anecdótico que otra cosa, se los voy a platicar en forma práctica.

Los guapos están acostumbrados a que la mujer promedio les sirva de tapete, se ría de sus chistes malos y haga cualquier cosa con tal de estar con ellos. Hacerles un par de bromas sobre su metro-sexualidad o su apariencia te distingue y te aparta de la mujer promedio.

Hace pocos días fue mi cumpleaños y mis amigas me invitaron a comer a uno de los restaurantes más “inn” que hay en la ciudad: “Porfirios” el cual estaba totalmente repleto de gente luciendo sus mejores, prendas, marcas, poses y sonrisas. Nuestra mesa se conformaba de cuatro mujeres (mis tres amigas y yo). Las cuatro guapas, una de ellas actriz, por lo que atraía un poco más de miradas hacia la mesa. Quiero señalar que invariablemente cuando voy a cualquier lugar y sobre todo a un lugar donde evidentemente hay “ligue” pongo mucha atención porque de lo que más aprendo es de observar la conducta de la gente frente al sexo opuesto.

 

Para no hacerles el cuento largo, por ahí de las 9pm, que decidimos era hora de irnos, entre otras cosas por aquello del alcoholímetro. Nos paramos de la mesa, e inmediatamente los dudes de la mesa de enfrente (en la cual había aproximadamente 8 hombres solos) se pararon y trataron de convencernos de que nos quedáramos otro rato, a lo cual, las casadas respondimos que no y las solteras… también.

 

Pasamos todas al baño y al salir, hay unos lavabos que son para hombres y mujeres, donde ponen cremas, enjuague bucal, toallas y demás cosas que hay en los restaurantes caros. Ahí estaba un hombre guapísimo, muy varonil, totalmente libanés de esos que se saben guapos y le echan todas las ganas a que parezca que su look fue efortless, pero quienes somos observadoras sabemos que le cuesta un Gumaro verse así de “casuales”. Tienen la barba per-fec-ta-mente delineada, las manos manicuradas, la cara hidratada, etc.

 

El guapo en cuestión quiso llamar la atención de  mi amiga, la actriz, le preguntó algo sobre la crema de manos, ella no le hizo mucho caso, entonces me preguntó a mi (el viejo truco de ganarse a la simpática para ligarse a las guapas). Cuando me pregunta a mi:  “para qué  es esto ehhh” -tono ultra fresa, sosteniendo la crema de manos- yo tomo un poco, se la mal embarro en el dorso de su (manicurada y perfectamente bronceada) mano, explicándole en mi tono más snarky:   “la crema de manos, es para las manos.” Mi burla pareció causarle gracia y dijo: “con esto tengo para tres meses porque no uso crema para las manos” a lo que yo  contesté  “se nota tienes manos como de obrero” hice un enorme esfuerzo por no soltar una carcajada al decirlo, noté mucha confusión en su mirada, pero mejor se rió y claro… nos invitó a sentarnos en su mesa, a lo cual las tres al unísono contestamos que NO.
Un poco confundido y sin entender por qué a EL tres mujeres  le decían que no, nos preguntó: “ ¿por qué?” sin pensar ni un segundo le contesté: (con toda la intención de probar la teoría) “porque los hombres despeinados que tienen almohadazos tan marcados en la cabeza me causan mucha desconfianza” -se nota que se tarda más que yo en peinarse, su cabellera se veía perfecta-. Con cara de descontrol total me pregunta: “¿dónde? ¡Quítamelo por favor! es porque me acabo de bajar de un avión”- mi bitch interna reía a carcajadas- y contesté: “no suelo tocarle la cabeza a extraños… pero si quieres te regalo un poco de spray”  ya entre divertido, confundido y exasperado me pidió que le dijera en que parte estaba el almohadazo. Coloqué mi dedo índice en cualquier parte al azar de su cabeza, indicándole donde estaba el inexistente almohadazo. Mi bitch interna vuelve a reír solo de recordar.

 

Eso transcurrió en no más de 5 minutos y lo cierto del caso es que al guapo se le olvidó la guapa (la actriz) y puso toda su energía en conseguir la atención de la “simpática” que lo hizo sentir inseguro de su apariencia.

 

Justo al salir nos encontramos con mi jefe, o sea, mi superior jerárquico (no mi papá) y nos invitó a sentarnos un rato en su mesa, no podía decirle que no a mi jefe. Fuimos a su mesa, nos tomamos una copa con él y una hora más tarde salimos a la terraza a fumar un cigarro, ahí estaba la mesa del guapo inseguro. En cuanto vio que seguíamos ahí, insistió una vez más en que fuésemos a su mesa y medio nos reclamó que seguíamos ahí y no con él.

 

El punto es que al detectar su preocupación por su apariencia lo que logré fue que centrara toda su atención en lo que yo tenía que decir, mi intención no era conquistarlo, era divertirme, hacer este experimento y ahora platicárselos a ustedes.

 

Esto funciona con guapos que están muy conscientes de que lo son, esos que centran mucho su atención en su apariencia y la usan para conseguir lo que quieren, especialmente, a las mujeres que quieren. Si estás ante un guapo que no sabe que es guapo o que no le interesa su apariencia esto no funciona.

 

Cuando tengas oportunidad, ponlo en práctica, si quieres conquistar al guapo, trátalo como feo, te puedes divertir mucho  y quien quita y hasta un date consigues.

 

Ser bonita es pasajero,  ser coqueta e inteligente, es eterno. Quienes te conocen no te olvidan.